El Corral de los Olmos se encontraba en la actual Plaza de Virgen de los Reyes y era un lugar de reuniones oficiales de los Cabildos Municipal y Catedralicio.

El espacio que ocupó el Corral de los Olmos había tenido su origen durante el siglo XII, cuando el califa Abu Yacub intentaba completar las construcciones del Alcázar interior y la Mezquita Aljama con un sistema de murallas que aislaran dichas edificaciones del resto de la ciudad. A su muerte, su hijo Abu Yusuf transformó los planes de su padre, realizándose sólo el tramo de ellas correspondientes al flanco oriental. Éste vendría desde la inflexión que hacía el muro de la alcazaba interior a terminar en las inmediaciones del palacio arzobispal, en donde, haciendo un quiebro en ángulo recto, enlazaba con el alminar mediante un arco de herradura, denominado posteriormente Puerta de Palos. El mencionado muro, junto con el de la alcazaba interior, el de la mezquita y la Puerta de Palos, rodearían el espacio que daría lugar al Corral de los Olmos, así llamado por los árboles que existieron en su interior.

La puerta sur del Corral, hacia el Alcázar, se llamaba de San Cristóbal o de la Campanilla.

La del norte era conocida como la Puerta de Palos por estar hecha de gruesos maderos y estaba en uno de los arcos que unía la Giralda con el Palacio Arzobispal. Su nombre ha quedado fijado en la memoria de los sevillanos y aún hoy la puerta de la catedral más cercana a ella, la de la Adoración de los Reyes, es de todos conocida como la Puerta de Palos.

Con el paso del tiempo, una serie de edificaciones se fueron apoyando en dicho muro, tanto en su cara interna como en la externa.

En su interior, los edificios -de origen almohade- acogieron durante tres siglos a los dos Cabildos de la ciudad, el eclesiástico y el municipal. Fue aquí, según los historiadores, donde los canónigos, “juntos en su Cabildo, que es en el corral de los Olmos, como lo han de uso y costumbre”, acordaron en 1401 levantar una nueva catedral “tal e tan buena que no haya otra su igual”.

En el siglo XV, cuando la antigua mezquita almohade, convertida desde la reconquista en catedral cristiana, fue derribada y su espacio ocupado por actual templo gótico, dichos elementos fueron respetados, debido posiblemente su uso por los poderes representativos de la ciudad.

Respecto al Cabildo municipal continuó hasta que, en el siglo XVI. En 1503, se funda en Sevilla la Casa de la Contratación, desde entonces la ciudad se convirtió en un importante centro comercial, que difícilmente se podía ver representada en un edificio de tan modesta apariencia. Además, la burocratización propia del Estado Moderno implicaba un aumento importante de los integrantes del Cabildo y del personal de servicio, lo que hizo que el edificio se fuese quedando insuficiente en tamaño. El Concejo lo abandonó al construir el Ayuntamiento en la plaza de San Francisco. El edificio que empezaron a edificar en 1527 es el actual Ayuntamiento de Sevilla.

El Cabildo Eclesiástico continuó durante más tiempo en el viejo edificio, hasta que sus espléndidas estancias dentro de la catedral fueron completadas a finales del siglo XVI con la la nueva Sala Capitular y destinó el Corral a otros usos, como el Juzgado de la Iglesia y la Sala de Rentas, que contaban con un pórtico y una torre, y alquiló el resto.

El Corral quedó inmortalizado en la literatura gracias, entre otros, a Cervantes, pero motivos urbanísticos y de seguridad hicieron que el Ayuntamiento insistiera en demoler una parte. Tras diez años de pleito, en 1791 se derribaron todas las construcciones, marcándose su trazado en el suelo con losas, que con el paso del tiempo también se eliminaron. conservando únicamente una Virgen que presidía su entrada.

Tras el derribo, se abrió una hornacina en la Giralda, que contaba con iluminación, donde fue colocada la llamada Virgen de los Olmos. Con el paso del tiempo, el sistema de iluminación quedó en desuso y finalmente fue retirado.

Del Corral ya no queda nada, salvo curiosos vestigios que han sobrevivido al paso del tiempo. Uno de ellos es la Virgen de los Olmos, una pequeña y hermosa imagen de alabastro, del siglo XIV, que estuvo sobre la puerta del Juzgado. Al derribarse el Corral se labró en la cara este de la Giralda una hornacina para colocarla. La imagen que vemos ahora es una réplica de 1986 y el original se conserva en la Capilla de San Antonio de la Catedral.

El derribo del Corral permitió concluir el cerco de columnas que rodea la Catedral y cerrar con rejas de los atrios de sus dos puertas a esta plaza. Y de esta época es precisamente el único plano conocido del Corral, que se conserva en el Archivo de la Catedral, fechado en 1781, así como dos propuestas de reformas.

Con dichas obras se concluía el proceso comenzado con el derribo del Corral de los Olmos. Su resultado fue el dotar a la ciudad de un nuevo espacio público que quedó incompleto al no realizarse, por parte del Ayuntamiento, una ordenación urbanística del sector. Esta sería la labor llevada a cabo a comienzos del presente siglo, con motivo de Exposición Iberoamericana de 1929. Dichas obras se incluían en un conjunto de medidas encaminadas a modernizar, ornamentar y mejorar el aspecto de la ciudad. El resultado de tal intervención fue el ensanche de la plaza, con la desaparición de las casas a la entrada de la calle Borceguinería, hoy Mateos Gago, y parte del callejón de acceso a la plaza de Santa Marta. La reorganización de este sector era un tema que había estado latente en el Ayuntamiento desde que los arquitectos municipales José Gallego Díaz y José Sáez y López confeccionaron el «Anteproyecto de ensanche y reforma interior», en 1893. Muerto el primero, Sáez y López termina el «Proyecto general de reformas», que no llegó a materializarse por problemas legislativos y económicos. En éste se pretendía realizar una gran avenida que, atravesando el barrio de Santa Cruz, uniera la plaza de la Catedral con la antigua Ronda, actual Paseo de Catalina de Ribera. Los proyectos posteriores, de principios del siglo XX, con ligeras modificaciones, seguían manteniendo la misma línea de intervención. En 1911, la Comisaría Regia de Turismo impulsa la explotación de la imagen turística del barrio de Santa Cruz y se realiza la cesión del terreno donde se construiría, a fines de la década, los Jardines de Murillo. Estos dos acontecimientos hacen que el Ayuntamiento aborde desde una nueva perspectiva la reforma del sector, aprobándose en 1918 el plan presentado por Juan Talavera y Heredia, sobre la reordenación del barrio, que será completado, en los años siguientes, con diversas intervenciones puntuales realizadas por el mismo arquitecto. Posteriormente, entre 1928 y 1929, fue terminada la configuración de la plaza, realizándose su pavimentación, según el proyecto de Leopoldo Carrera, y colocándose la fuente-farola, diseñada por José Lafita, para centralizar el espacio (67).

El espacio en sí, fue transformado su nombre desde aquel primitivo de Corral de los Olmos. Denominándose Plaza del Palacio Arzobispal, de la Giralda, del cardenal Lluch, de Andalucía y, desde 1936, el actual y que todos conocemos: la plaza de la Virgen de los Reyes.

En la obras de adecuación de la plaza de Virgen de los Reyes en 1994, además de descubrirse la Sala de las Abluciones (Midda) de la mezquita aljama, aparecieron restos de las cimentaciones del Corral de los Olmos. Se documentó muy superficialmente por las prisas en acabar la obra.

LA PRIMERA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA PLAZA DE LA VIRGEN DE LOS REYES DE SEVILLA ISABEL SANTANA FALCÓN. 1994:


Bibliografía: TRANSFORMACIONES URBANAS EN SEVILLA DURANTE EL SIGLO XVIII: EL DERRIBO DEL CORRAL DE LOS OLMOS. ARCHIVO HISPALENSE REVISTA HISTÓRICA, LITERARIA Y ARTÍSTICA.

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