En 2025 salieron a la luz los restos de un embarcadero romano durante las obras de rehabilitación de la Real Fábrica de Artillería que se suman a otros restos romanos hallados con anterioridad en este mismo enclave.

EMBARCADEROS Y CANALES

El hallazgo del embarcadero y canales asociados bajo las antiguas naves de Artillería están relacionadas con las infraestructuras portuarias de la Florida. En 2019, muy cerca en la Florida, se descubrió durante las obras de otra promoción inmobiliaria unas infraestructuras portuarias. No son casualidad estos dos hallazgos, puesto que la desembocadura del Tagarete se encontraba muy cerca. Entre las instalaciones halladas se pudieron documentar almacenes, áreas administrativas o un santuario.

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El proyecto de construcción Residencial en Artillería del Grupo ABU, ubicado en la parcela de las antiguas naves militares de Santa Bárbara, ha sacado a la luz un trozo de historia que se remonta al siglo I d.C.. Tras concluir la fase de arqueología previa a la edificación, los estudios han documentado la existencia de una compleja infraestructura hidráulica romana, incluyendo un sistema de canales navegables y un embarcadero que formaban parte del vital comercio marítimo de Híspalis.

Híspalis era estratégicamente clave para el comercio romano en la Península Ibérica por ser puerto. En época romana era casi cabecera del mar, por el Lacus Ligustinus, permitiendo el acceso de embarcaciones de gran calado para transportar productos de alto consumo como aceite, vino, salazones y garum. De hecho, la mayoría de las ánforas olearias que formaron el Monte Testaccio en Roma provenían de la Bética. Desde este lugar en el actual barrio de San Bernardo habría partido buena parte de esta mercancía.

El enclave, situado entre la calle José María Moreno Galván, el puente de San Bernardo y la calle Jiménez Aranda, era conocido históricamente como Monterrey, una colina formada por la acumulación de vertidos urbanos y escombros en la periferia de la ciudad amurallada desde la época medieval. Adicionalmente, este lugar colinda con el Tagarete.

Los arqueólogos Florentino Pozo y Rosa Gil indican que bajo los pies del solar se encuentran «capas» históricas muy definidas. Los niveles más recientes, que coronaban el montículo de Monterrey, consistían en aproximadamente seis metros de rellenos modernos y contemporáneos. Específicamente, se encontraron cuatro metros de rellenos industriales—cenizas, escoria, carbones y piezas de desecho—generados por la producción fabril de artillería durante los siglos XVI y XVII.

Inmediatamente debajo de estos rellenos industriales, los arqueólogos se toparon con un gran nivel de limos de inundación, de entre 60 y 70 centímetros, que demuestra que la zona colapsó e fue inundada, sellando y ocultando la mayoría de los restos anteriores durante siglos.

Bajo esta capa de limo se descubrieron los restos constructivos romanos del siglo I d.C.

Los romanos implementaron una avanzada ingeniería y arquitectura para desecar esta zona, que era naturalmente pantanosa e inundable. Crearon canales artificiales navegables que se conectaban con el puerto. El puerto imperial era una zona muy amplia que hoy en día estaría ubicada entre la avenida de la Constitución y la Puerta de Jerez y llegaría hasta donde se encuentra el Hotel Alfonso XIII. Se ha documentado un sistema de canales principal y secundarios, siendo el canal principal hallado de casi cinco metros de ancho y un calado que pudo alcanzar los tres metros.

Junto al canal principal, se documentó un embarcadero y su respectivo pantalán. Se localizaron postes de madera que sostenían las tablas del pantalán, usado para el trasiego de mercancías hacia las barcazas llamadas scaphas.

Un detalle constructivo muy visible es la acumulación de ánforas de desecho. Estos recipientes, que se rompían y quedaban inservibles para el transporte (muchas de las cuales provienen de alfares de la bahía de Cádiz y contenían salazones o arrope de vino), fueron utilizadas para sujetar la madera del embarcadero como apeo, fortaleciendo la estructura y prolongando su pervivencia.

Lamentablemente, este sofisticado sistema colapsó poco después de su construcción a mediados del siglo I d.C. debido a inundaciones periódicas que lo cubrieron de cieno y lo dejaron inservible.

Tras cegar los canales rellenándolos con tierra, cascotes y escombros, el terreno fue habilitado para la instalación de un cementerio a finales del siglo I d.C.. Este nuevo uso también fue breve, ya que otra gran inundación cubrió el cementerio con limos, lo que explica que se hicieran pocos enterramientos e incineraciones en la zona.

Además de las inundaciones, la implantación romana en este sector sufrió un fuerte expolio. En los siglos XVI y XVII, los elementos constructivos romanos eran retirados de las ruinas para ser empleados en nuevas construcciones, ya que Sevilla carecía de cantera de piedra y los ladrillos romanos eran de gran calidad. Por esta razón, basamentos de acueductos y brocales de piletas no se conservaron. El equipo de arqueología indica que la falta de un concepto patrimonial en aquella época hizo que se valoraran más las cuestiones prácticas.


UILLA

Antes de este último hallazgo, en las obras de rehabilitación de la Fábrica de Artillería aparecieron unos restos que parece que pertenecen a una instalación residencial y productiva rural de situada extramuros de la ciudad, un claro antecedente de lo que sería la zona de la Buhaira durante la etapa de dominación islámica.

Estos restos romanos parece que pertenecieron a una instalación residencial y productiva rural de época romana, es decir, una uilla.

Estaba situada extramuros de la ciudad y en la margen derecha del río Tagarete. Las estructuras descubiertas presentaron un estado de conservación desigual. Se despliegan a cotas relativamente superficiales y próximas a los pavimentos modernos del Patio de Crisoles, apreciándose su interrupción a partir de una determinada profundidad, al haber sido arrasadas por la construcción de la propia fábrica durante el siglo XVIII. Se encuentran parcialmente transformadas por reformas de distintas épocas. Estos hallazgos se extienden en una superficie aproximada de 850 metros cuadrados.

Entre los restos documentados destaca una piscina localizada en la mitad oriental del Patio de Crisoles, con unas dimensiones de 11 metros de largo, 3,2 metros de ancho y 1,7 metros de profundidad. Presenta un revestimiento de opus signinum, con media caña en todo el perímetro del fondo y dos escaleras situadas en esquinas opuestas. Esta estructura hidráulica se asocia a una serie de pavimentos de opus signinum que dan paso a una gran estancia de la que se conoce parte de un mosaico geométrico. Esta habitación se desarrolla en la Nave de Fundición.

En el lado opuesto, en el Patio de Crisoles, se registraron hasta dos fases de estructuras de ladrillo relacionadas con pavimentos de opus signinum que se interpretaría con actividades productivas de la uilla. Al oeste del mosaico se documentaron hasta cuatro alineaciones paralelas norte-sur. En este caso no se conservan pavimentos, pero hacia el centro de la Nave de Fundición se registraron restos de infraestructuras relacionadas con hornos.

Este hallazgo se calificó como de gran interés por cuanto eran la evidencia más clara de la existencia de uillae periurbanas de la ciudad de Híspalis. 


Aunque en un princio se anunció que se construiría una cripta para que fueran visitables, finalmente se descartó por su alto coste.

Para ello se iba a construir una cripta arqueológica bajo el Patio de Crisoles y la Nave de Fundición. La Comisión Provincial de Patrimonio Histórico autorizó ya un proyecto que persiguen dar a conocer y resaltar estas estructuras que parece que pertenecen a una instalación residencial y productiva rural de situada extramuros de la ciudad, un claro antecedente de lo que sería la zona de la Buhaira durante la etapa de dominación islámica.

Siguiendo instrucciones de la dirección de la Gerencia de Urbanismo y Medio Ambiente, el responsable del contrato emitió un informe en el que se eliminaba las unidades correspondientes a la integración de los restos arqueológicos romanos con la consiguiente reducción económica, “lo que no supone un menoscabo del proyecto Magallanes ICC, en el que no se conocía ni preveía la existencia e integración de dichos restos de altísimo valor patrimonial”.


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Una respuesta a “UN EMBARCADERO Y UNA UILLA ROMANAS BAJO LA FABRICA DE ARTILLERIA”

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