Las manufacturas reales (o reales fábricas) fueron instalaciones industriales fundadas por iniciativa de los monarcas.

Cuatro de de los edificios donde se desarrollaron algunas de estas importantes industrias en Sevilla, siguen hoy en pie: Artillería, Atarazanas, Casa de la Moneda y Fábrica de Tabacos.
Una quinta, la Real Fábrica de Salitre, es la única que no ha perdurado.
Todas se ubicaron extramuros, excepto la Real Casa de la Moneda.

Exceptuando a las Reales Atarazanas, las restantes reales fábricas de Sevilla, a pesar de la distancia temporal existente entre ellas, estuvieron en funcionamiento de manera simultánea durante unos 70 años, aproximadamente, entre el año 1750 y principios del siglo XIX.
Real Fábrica de Salitre (1756-1818)

El salitre, mezclado con azufre y carbón vegetal, se utilizaba para fabricar la pólvora.
Sevilla capitalizó el suministro de este material entre los siglos XV y XVII, pero su fabricación privada resultaba una actividad bastante peligrosa.
Por este motivo, en 1757, Fernando VI autorizó la construcción de una Real Fábrica de Salitre en unos terrenos cenagosos cedidos por el Cabildo entre la Puerta del Sol y la Puerta Osario, aprovechando la cercanía del arroyo Tagarete, que contaba con una importante presencia de salitre en sus aguas (su cauce discurría mas o menos por la actual calle Arroyo, conocida anteriormente como Camino del Burón) y la abundancia de nitro (nitrato de potasa) de los alrededores, se estimó conveniente ubicar la Real Fábrica de Salitre en este emplazamiento.
Esto supuso una salida de la ciudad más allá de su muralla perimetral, asentándose además las bases de la futura ronda de circunvalación por antonomasia de la ciudad, la Ronda Histórica, llamada María Auxiliadora en este tramo.

Se edificó en dos edificios; el primero de ellos estaba adosado a la muralla, donde hoy día están los Jardines del Valle, y en éste se situó la fábrica, además de algunas viviendas y oficinas. En el segundo, un enorme edificio rectangular, estaban los esteros y los almacenes. Entre ambos, se dejó una calle bastante espaciosa y amplia, la Arrebolera, que con el paso del tiempo se prolongaría y uniría a otras calles nacidas de forma parecida bordeando el recinto amurallado para conformar lo que hoy conocemos como Ronda Histórica.

La fábrica tenía sus propios tiempos de trabajo marcados principalmente por el clima: en verano se realizaba la recolección de polvo, cenizas y demás elementos necesarios para la elaboración del salitre, que era fabricado en invierno en las 24 estancias acondicionadas para tal fin en el edificio rectangular. Posiblemente las altas temperaturas alcanzadas en largo estío hispalense influyeran en la implantación de este ritmo de trabajo.
Dependiente en un principio de la Real Hacienda, funcionó como Real Fábrica hasta 1818, cuando se entregó la fábrica a la familia Cárdenas ya que la administración era incapaz de asumir los costos generados por la industria, en un contexto de encarecimiento de los suministros por falta de materiales.
Pero la Casa del Salitre no volvería a levantar cabeza ante la creciente importación de pólvora procedente de Inglaterra y dejaría de funcionar poco tiempo después.
A partir de este momento ambos edificios quedan abandonados corriendo una suerte dispar hasta llegar a ser lo que tenemos hoy en día, que nada tiene que ver con el uso primitivo que tuvieron.
Tras su cierre, comienza a funcionar en Sevilla la Fábrica de Pólvora de Santa Bárbara, situada cerca de la actual barriada de Torreblanca, que mantuvo su producción hasta 1867.
La zona adosada a la muralla no era medianera por su otro extremo, es decir, entre las murallas que hoy vemos en los Jardines del Valle y las casas de la acera de los pares de la Calle Sol había por aquel entonces una callejuela de la que sólo queda hoy en día la parte que giraba por detrás del actual templo de Los Gitanos; esa zona fue adquirida por la marquesa de Villanueva en 1866 para establecer el Colegio del Sagrado Corazón, también llamado Colegio del Valle. En el plano de la ciudad realizado con Padura en 1891 se puede ver claramente el patio de dicho colegio (66), que tras el cierre del mismo en 1975 sería transformado en los actuales Jardines del Valle.

Justo enfrente, atravesando la calle Arrebolera, hoy María Auxiliadora, se encontraba el enorme edificio rectangular (67) donde se almacenaba el salitre, al que se trasladó la Feria de Ganado que se celebraba intramuros en la Plaza de Ponce deLeón en 1858. Poco después se demolieron las 24 naves de la antigua fábrica y se estableció el Perneo, el matadero de reses y cerdos.
El Perneo se rehabilitó como un gran corralón entorno a un inmenso patio central donde además del sacrificio de reses había lugar para otras actividades tan variopintas como almacén de pasos de Semana Santa (el de San Isidoro estuvo guardado en uno de sus almacenes) o bares (la Niña de los Peines dio sus primeros pasos como cantante en la taberna del Ceferino, que estaba ubicada en este lugar).
Pero no duró mucho tiempo el Perneo; la expansión urbanística extramuros que trajo el nuevo siglo además de la gran industrialización de la zona hacía inviable la existencia de un edificio tan insalubre y desagradable, que fue demolido en la primera década del siglo XX. Si bien en el plano de Poley y Poley de Sevilla y sus alrededores fechado en 1910 aparece aún el Perneo, dos años después es fechado el Laboratorio Municipal, con lo que la demolición reproduciría lógicamente en los albores de esta segunda década del siglo.

El enorme edificio, que abarcaba desde la calle Salesianos hasta José Laguillo y desde la calle Arroyo hasta María Auxiliadora, fue dividido en varios solares en los que se ubicaron distintas construcciones, destacando principalmente las de los extremos que dan a la ronda: el ya referido Laboratorio Municipal, edificio neoclásico construido en 1912 por Antonio Arévalo; y el Ambulatorio de MaríaAuxiliadora, más reciente y de estética mas discutible que el anterior. El resto de parcelas se destinaron a bloques de viviendas, edificándose todo el frente que quedaba hacia María Auxiliadora entre 1919 y 1922.
De esta forma se ponía punto y final a la historia de una de las pocas construcciones fabriles creadas en la ciudad antes de la revolución industrial que, si bien no ha corrido la misma suerte que la Fábrica de Artillería o la Fábrica de Tabacos.
Fuente: Diario de Sevilla.


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