El Río Miraflores entraba en la ciudad de Sevilla, donde tomaba el nombre de Tagarete, por la huerta de Miraflores, actual Parque de Miraflores.

Como ya vimos en los LOS PUENTES DEL TAGARETE, el arroyo necesitaba de pequeños puentes o alcantarillas para ser cruzado. Hay referencias históricas a estos puentes o alcantarillas desde 1249, aunque imágenes, dibujos o grabados nos han llegado casi nada.

Tras la desaparición de la alcantarilla de las Madejas, el puente alcantarilla de Miraflores ,en el paso del antiguo camino de Miraflores, es el único, hoy visible, de los diez puentes que existieron sobre el Tagarete.
Lo podemos encontrar en el paso del arroyo por la antigua carretera de Miraflores en lo que hoy es el Parque de Miraflores.
No hay constancia de la fecha de su construcción, pero la primera noticia que se tiene es del 1627, donde es nombrado en un documento conservado en el Archivo Municipal de Sevilla.
El cruce de la antigua carretera de Miraflores sobre el arroyo Tagarete se realizaba a través de un vado natural que la topografía del terreno había conformado entre las fincas de la Albarrana y Miraflores. No obstante, el paso debió plantear serios problemas. Si durante el verano el arroyo iba prácticamente seco y su vadeo no ofrecía mayores problemas, en los períodos de lluvias el paso debió hacerse intransitable. Por esta razón se construyó la alcantarilla sobre el paso de Miraflores y, para garantizar la vialidad del paso, hasta el siglo XX se realizaron múltiples reformas que no siempre tuvieron pleno éxito.
Presenta una estructura simétrica de tres arcos de medio punto, la luz del arco central de 3,5 m y la de los otros dos de 2,5 m. El arco central convergen las dos rampas del 6% de inclinación que comunica ambas orillas. La técnica de construcción de la estructura combina el muro tapial y el ladrillo.
En 1996 se declara Bien de Interés Cultural (BIC) el conjunto de yacimientos, restos históricos y construcciones del Parque Miraflores. Y un año más tarde –1997– se recupera el histórico puente alcantarilla que cruzaba el arroyo Tagarete.




Construcción del puente. Antes de 1627.
El puente sobre el arroyo Tagarete en el paso de Miraflores tiene una longitud total de 52 m, una altura máxima de 4 m y una anchura de 3,4 m. Estructuralmente tiene un alzado triangular simétrico dividido en tres tramos bien diferenciados y su planta, perpendicular al cauce no es del todo rectilínea, ya que la rampa oriental tiene una pequeña desviación con respecto a la alineación de la estructura para embocar el camino de la orilla de Miraflores. El tramo central tiene una longitud de 12,3 m y salva la corriente de agua con tres arcos de medio punto; la luz del arco central de 3,5 mts y la de los otros dos de 2,5 mts. Es una obra mixta de ladrillo y encofrado de hormigón de cal. Ambos muros dejan un espacio de calzada de 2,5 m.
Desde la construcción hasta 1898.
Desde su construcción hasta finales del siglo XIX la fisonomía del puente fue cambiando debido a diversos factores: progresiva acumulación de lodos en las orillas, fenómeno que debió verse incrementado por la acción de las repetidas inundaciones que afectaron a Sevilla durante la Edad Moderna y que debieron aumentar el aporte de lodos y acelerar la colmatación de las rampas. Estos factores dañaron el puente, principalmente los parapetos y que hicieron necesario el recrecimiento de la calzada para asegurar la vialidad del paso en épocas de crecida.
Otro factor que no queremos pasar por alto y que sin duda debió repercutir en la estructura del puente es el de los terremotos que sufrió Sevilla durante la Edad Moderna, entre otros menores, dos intensos seísmos en 1504, o terremoto de Carmona, y 1755, terremoto de Lisboa.
El proyecto de reforma de 1898.
En 1898, dentro de las obras de reparación del firme de la carretera que se dirigía al ¨Manicomio¨, se redactó un proyecto para habilitar el cruce de la carretera con el arroyo Tagarete para evitar que quedase cortada la comunicación con el ¨Manicomio” cuando el arroyo aumentaba su caudal.
Siglo XX
Durante el pasado siglo se produjeron las mayores actuaciones en la primitiva alcantarilla hasta el punto de dejarla totalmente soterrada, estado en el que se encontraba al inicio de las obras de reexcavación del cauce del Tagarete. Los motivos de éstas fueron básicamente dos: la persistencia de los problemas de inundación y la necesidad de adaptar la anchura del puente a las condiciones que demandaba el nuevo tráfico rodado.
En los años 1931-32 se redactó un proyecto que preveía la destrucción del antiguo puente y su sustitución por otro de hormigón. El argumento en que se basaba era que las continuas crecidas cortaban el paso inundando el puente de Miraflores.
El proyecto nunca se realizó. Posteriormente se acomete una reforma menos ambiciosa pero más práctica. Se amplió el tablero del puente, adosando en ambas caras de la alcantarilla unos pilares de hormigón sobre los que se sobrepuso el nuevo tablero. Asimismo se reforzaron y recrecieron los taludes.
Antes de la Exposición Iberoamericana de 1929 se acometieron obras en el río. para solucionar el problema endémico de las inundaciones y mejorar los accesos al puerto:
Entre 1909 y 1926 se realizan la corta de Tablada, el nuevo canal del Guadaira y se desvían los arroyos Tagarete y Tamarguillo hasta hacerlos desembocar aguas abajo en el Guadaira. Lejos de solucionar el problema, la nueva infraestructura incrementó los riesgos de inundación. El aporte de los arroyos Tagarete y Tamarguillo y el río Guadaira en conjunción con las mareas provocaban la imposibilidad de desaguar y el efecto de reflujo acababa por inundar las zonas más bajas de la ciudad hasta niveles no conocidos hasta la fecha. La percepción del problema fue inmediata, sin embargo la solución se fue dilatando hasta que las inundaciones de 1961 obligaron a reformar, de nuevo, toda la red de infraestructuras hidráulicas.
De las medidas adoptadas, la que más afecta al tema que tratamos, es la unión de los cauces de los arroyos Tagarete y Tamarguillo aguas arriba de Miraflores y su canalización hasta desembocar en el Guadalquivir por encima de la ciudad, lo que implicó el abandono del cauce del arroyo Tagarete en el tramo que afecta al actual Parque de Miraflores. Definitivamente, el paso de Miraflores quedó libre de las inundaciones y, por tanto, era innecesario el puente que queda reducido a un pequeño sumidero para recoger las aguas de la huerta de Miraflores. Se amplía la calzada, se sepulta el puente y la pequeña porción de arco que queda visible adquiere funciones de alojamiento ocasional.

LA REHABILITACIÓN
Las obras de reexcavación del cauce del arroyo Tagarete a su paso por el Parque de Miraflores no contemplaron en ningún momento la existencia del puente, tampoco, como consecuencia, su rehabilitación.
Esta situación condicionó tanto la intervención arqueológica como su rehabilitación que fue asumida por la Escuela Taller Miraflores.
La rehabilitación pretendió ser la mínima e indispensable para garantizar la funcionalidad peatonal a la que iba a estar destinado.
En 1996 se declara Bien de Interés Cultural (BIC) el conjunto de yacimientos, restos históricos y construcciones del Parque Miraflores. Y un año más tarde –1997– se recupera el histórico puente alcantarilla que cruzaba el arroyo Tagarete.
Bibliografía recomendada: Alejandro Jiménez Hernández. Arqueólogo de la Escuela Taller Miraflores.


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