Es difícil sintetizar la historia y medir el impacto que durante siglos ha tenido el cauce del río Tagarate a su paso por la ciudad. No pretendo más que acercarme a su huella y como esta se ha ido difuminando con el paso del tiempo, por la evolución histórica de su cauce y de las necesidades de modernización de la propia ciudad.


El río Tagarete es el nombre que ha adoptado tradicionalmente el río Miraflores a su paso por Sevilla. Procedente de la comarca de Los Alcores, desembocaba al sudeste del casco histórico de la ciudad, en las proximidades de la Torre del Oro.



Desde hace más de 2000 años el hecho de que el río haya ido perdiendo progresivamente su caudal, es por lo que se pueda considerar que es ya un arroyo.
Aunque en la actualidad está soterrado a su paso por la ciudad, el Tagarete siempre ha sido uno de los elementos visibles de Sevilla. Además de la importancia y significado que ha supone un río que bordea la ciudad, su vinculación con la muralla reforzó históricamente su papel como primera línea defensiva. Su vínculo con la muralla fue extensivo a las puertas de esta, sobre todo la Puerta de Carmona, Puerta de la Carne, Puerta Nueva y Puerta de Jerez y los arrabales de San Bernardo, San Roque y La Calzada que se asentaron en los bordes del arroyo en busca de agua y frescor.


Estas cualidades han generado una virtud estratégica en la ciudad, ya que su presencia no solo constituía esa primera línea de defensa, sino que contribuía a la existencia de un valle fértil en sus orillas.
Debido a su falta de caudal, llegaba a ser vadeable en verano, aunque en invierno sí necesitaba de pequeños puentes o alcantarillas para ser cruzado. Hay referencias históricas a estos puentes o alcantarillas desde 1249, aunque imágenes, dibujos o grabados nos han llegado casi nada, o al menos yo no los he encontrado.

El Río Miraflores entraba en la ciudad de Sevilla, donde tomaba el nombre de Tagarete, por la huerta de Miraflores, actual Parque de Miraflores.

El puente alcantarilla de Miraflores, en el paso del antiguo camino de Miraflores es el único, hoy visible, de los diez puentes que existieron sobre el Tagarete.



alcantarilla de la Fuente del Arzobispo:
Situada junto a los manantiales del mismo nombre y formando una especie de «Y», llegaban a este punto para cruzar el Tagarete dos caminos desde diferentes puertas de la muralla. Uno venía desde la Puerta del Sol y era el Camino de la Fuente del Arzobispo que es la actual Carretera de Carmona. La finca, que se terminaría convirtiendo en la Huerta del Arzobispo, incluía lo que en la actualidad delimita el último tramo de la calle Hespérides con el inicio de la calle Gramil.

El otro camino desde la Puerta Osario y el arrabal de San Roque era el Camino de Burón que hoy en día es la calle Arroyo y sus prolongaciones de calle Tharsis y la calle Baltasar de Alcázar, entre las que se ubicaba la antigua Huerta de Burón donde se ubicaba la alcantarilla del Burón.
El Tagarete seguía su curso hacia la alcantarilla de las Madejas, que es la más famosa por ser parte de los Caños de Carmona. A medida que se aproximaba a la ciudad, el acueducto crecía en altura, siendo la parte más monumental la que corresponde al referido alcantarilla o puente de Las Madejas, ubicado en las inmediaciones de las calles Luis Montoto con Juan Antonio Cavestany.







alcantarillas de San Bernardo y alcantarilla del Ganado: ubicadas en Cruce de la Avda. Mata Carrriazo con Eduardo Dato – San Bernardo.
alcantarilla Nueva: se ubicaba en la zona de la actual Plaza de Don Juan de Austria.

El recorrido del Tagarete seguía rodeando el casco antiguo por el sector este, paralelo a la antigua muralla y continuaba entre la Real Fábrica de Tabacos y el Alcázar, por la actual Calle San Fernando –Puerta Jerez, para desembocar en el Río Guadalquivir junto a la Torre del Oro, donde se situaban tres alcantarillas más (alcantarilla de la Puerta Jerez, alcantarilla de Cristina, alcantarilla de la Torre del Oro)


alcantarilla de la Puerta Jerez:



alcantarilla de la Torre del Oro:





La modificaciones del cauce del Tagarete

A partir de 1849 se realizaron en la ciudad diversas obras que primero entubaron su cauce y posteriormente lo desviaron hacia el Arroyo Tamarguillo con objeto de alejarlo del casco urbano, pues su existencia causaba inundaciones y era fuente de enfermedades sobre todo en verano cuando las aguas se estancaban.
La insalubridad del arroyo se debía a que, desde hacía siglos, transportaba los residuos industriales que vertían el Matadero, las curtidurías y lavaderos de lana de los barrios de La Calzada y San Bernardo, varias tahonas y la misma fundición de Artillería. Para colmo, los numerosos mosquitos que crecían durante los meses calurosos extendían, en ocasiones, el paludismo.
A partir de 1850 se irá cubriendo el tramo final del arroyo, coincidente con la calle San Bernardo y la desembocadura del arroyo. Todo este proceso se realizó gracias al ingeniero Balbino Marrón, quién presentó los proyectos para la cubrición del Tagarete en el año 1948. El proyecto de Balbino Marrón también proponía el derribo de las casas adosadas a la Puerta de Jerez y el saneamiento de todos los bordes del arroyo hasta la Fábrica de Tabacos, así como desde el final de la calle San Fernando hasta los Caños de Carmona. Las actuaciones finalizaron en 1858 tras ejecutarse el último tramo de la desembocadura del arroyo, que finalizaba en una alcantarilla que vertía el agua al Guadalquivir. Aun así, quedaron tramos del arroyo sin cubrir en zonas adyacentes a la Puerta de Carmona y el matadero. En el recorrido del encauzamiento se ubicaron 34 pozos de entrada a la canalización, precedidos por grandes arquetas. A su vez, el encauzamiento se dividía en dos tipos de canales, el canal que embovedaba y protegía el lecho del río, y el canal más cerrado, también de ladrillo, que conducía las aguas fecales.
En la propuesta de encauzamiento y cubrición del Tagarete de Balbino Marrón (1849), el arquitecto municipal, se da el primer paso hacia la solución de su conducción y entubamiento por la zona de la puerta de Jerez, que va a tener interesantes consecuencias en orden a derribar las casas adosadas a aquélla y por tanto, a sanear todo el borde del riachuelo hasta las fábricas de tabaco.
Asimismo se plantea la cubrición del arroyo a su salida de la calle de San Fernando. El entubamiento desde dicho lugar permitió la conexión del perímetro arbolado desde la Puerta de la Carne hasta el vértice más alejado de las fábricas, cuyo alzado lateral servía de directriz para la ordenación.

La zona baja del arroyo, ya cubierta, era bastante segura, el área norte de la Puerta de Carmona seguía estando expuesta a los problemas de olores e inundaciones. Para controlar y regular el río el ingeniero J.Belló propuso en 1849 desviar ese tramo del Tagarete hacia el arroyo Tamarguillo. Esta propuesta no se vio ejecutada hasta la siguiente centuria.

Imagen de las excavaciones de la calle San Fernando en 2004 donde se puede ver la cara exterior de la barbacana de la muralla de Sevilla, en la que se aprecia la erosión provocada por el agua del Tagarete en las crecidas (obsérvese a mitad del murete la línea de combate del agua).
Más tarde, en el entorno de la Puerta de Carmona sólo se llevarán a cabo dos actuaciones con el río Tagarete. Primero el embovedado de la zona sur del río respecto a los Caños de Carmona, posteriormente, el encauzamiento del Prado de Santa Justa en la zona norte, lo que facilitó la apertura de dos brazos del río que se unirían posteriormente a la altura de la fábrica de Guano. Esta actuación de división pretendía minimizar las posibilidades de riadas del arroyo, al ser dividido en dos cauces. A su vez, el trazado rectilíneo del nuevo brazo del Tagarete servía de guía y apoyo a la nueva vía del ferrocarril de la ciudad.
Hubo varios proyectos desde el s.xix que no se llevaron a cabo y que pretendían desviar el cauce del Tagarete hacia el Tamarguillo:
- Juan Talavera (1881) que consideraba que debía ser desviado desde la altura de la Fuente del Arzobispo hacia el portón de Ranilla, para unirlo con el Tamarguillo.
- Jorge Higgins (1882) planteó desviar el arroyo en la esquina de la Huerta de Burón, donde el Tagarete cruzaba por debajo del ferrocarril de empalme, el nuevo cauce se inclinaría al Este, pasaría por la Huerta de las Tres Puertas, desde donde iría en línea recta hacia las tapias de la Huerta del Rey y de allí al camino del Cortijo de Maestre Escuela y al Tamarguillo.
- En 1892 serán los ingenieros Mariano Cárcer y Juan Ochoa quienes ejecutarán un nuevo plan de defensa de la ciudad frente a las inundaciones. En este nuevo proyecto que, finalmente tampoco se llevará a cabo, se propuso también desviar el Tagarete teniendo como base las dos soluciones anteriores de Higgins y Talavera.

Unos años más tarde, se creará el proyecto final para la protección de Sevilla bajo la dirección de Sanz Larumbe (en este proyecto criticó abiertamente el proceso de derribo de las murallas de la ciudad, ya que en las avenidas de 1876 y 1892 las consecuencias fueron más desastrosas que en otras posteriores, al ser las defensas “menos eficaces que las de hace cien años”, ejecutó unas reformas muy ambiciosas). Serán un complejo conglomerado de estrategias de reforestación, desvío de cauces de ríos y creación de elementos defensivos.
Con respecto al Tagarete, Sanz Larumbe propone la desviación del Tagarete hacia el Tamarguillo, en el Puente de la Ranilla, a la altura de la Fuente del Arzobispo. El cauce conjunto se mantuvo y solo se desvió hacia el este tras su pase por la barriada del Tiro de Línea para que desembocara al río Guadaira, otro de los afluentes del Guadalquivir.
Las obras comenzaron a realizarse desde el año 1903 y concluyeron con motivo de la inauguración de la Exposición Ibero-americana de 1929.

En 1929 ya estaría terminado el proyecto de Sanz, tal y como lo planteó desde un primer momento, pero con el río Tagarete soterrado hasta la Fuente del Arzobispo.

Tras el desbordamiento del Tamarguillo en 1961 se cambiará el proyecto de Sanz y Larumbe de unión con el cauce del Tagarete en el Puente de Ranilla, cerca de la Fuente del Arzobispo. El nuevo proyecto consistió en el desvío del cauce del Tamarguillo-Tagarete al norte de la ciudad, desembocando directamente en el río Guadalquivir. Esta solución produjo la desecación del arroyo Tamarguillo, que terminó por convertirse, finalmente en una de las rondas urbanas de la ciudad: la Ronda del Tamarguillo.

En el año 2003, se elaboró un proyecto por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir que pretende desviar de nuevo el cauce del arroyo más al norte de su situación actual, creando un nuevo trazado que alcanzaría el Guadalquivir a la altura del barrio de San Jerónimo. El proyecto pretende evitar las inundaciones en la zona norte de la ciudad y crear un cauce nuevo de mayor calado e implicaría la construcción de 9 puentes nuevos, 2 para líneas de ferrocarril y 7 para carreteras. En el año 2012 la ejecución de las obras se encontraba paralizada debido a la falta de fondos, no existiendo ninguna fecha prevista para su realización.
Actualmente el arroyo Tagarete no vierte sus aguas residuales al río Guadalquivir, sino que funciona como un colector más de la ciudad. Dicho colector recoge las aguas residuales de gran parte del centro de Sevilla y de otros barrios adyacentes, como San Bernardo o San Roque, y desemboca en otro colector mayor que recorre, paralelo al Guadalquivir, toda su orilla (Fig. 66). Esta actuación permitió eliminar la alcantarilla de desagüe del arroyo bajo la Torre del Oro, aportando una nueva imagen a la fachada histórica de la ciudad.



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