La Pasarela fue una gran estructura de hierro que como indica su nombre servía de ¨pasarela¨ para cruzar el Prado de San Sebastián sobre el paso tranviario.

Esta estructura metálica, dio nombre extraoficial a toda la zona, quedando en el conocimiento popular, ya que todavía se conoce, a día de hoy como «La Pasarela».
Su inaguración y el vínculo con la Feria
Diseño del ingeniero Dionisio Pérez Tobía, fue fundida en los talleres de Pérez Hermanos e inaugurada el 18 de abril de 1896, coincidiendo con la primera jornada de la Feria de Abril de ese año.
Inspirada en la Torre Eiffel, cruzaba sobre la plaza que recibe el nombre de Plaza de don Juan de Austria, para evitar el cruce al mismo nivel de los peatones con el tráfico de la calle de San Fernando y las Avenidas de Carlos V, del Cid y de Menéndez y Pelayo. Dando paso por tanto desde la zona sur de la ciudad de Sevilla, con el entonces espacio vacío que suponía el Prado San Sebastián.
Otorgó un aire cosmopolita a la Feria. En una época en que la ciudad buscaba proyectar una imagen de modernidad y apertura cultural.
Se convirtió así, durante 25 años, en la portada permanente de la Feria de Abril, creando un vínculo especial entre ambas. Por entonces, la Feria se celebraba en el Prado de San Sebastián.
La Pasarela no sólo cumplía una función decorativa, sino que se había integrado profundamente en las tradiciones festivas de la ciudad, especialmente en la celebración primaveral más importante.

Mirador
Tenía cuatro escaleras de acceso y un quiosco central como punto de unión de las mismas que hacía las funciones de mirador y que se adornaba con globos de luz blanca durante los días que duraba la Feria de Abril. Con casi 800 luces de gas y un arco voltaico en su cúpula.
Una de sus peculariedades fue su función como mirador excepcional hacia la Feria de Abril. Se podían ascender por la estructura y disfrutar de vistas panorámicas del recinto ferial. Esta perspectiva privilegiada convertía a la estructura en un atractivo adicional durante los días de feria.

Demolición
Se demolió en 1.921, con la justificación de un ensanche en la zona para la Exposición Iberoamericana de 1.929.
La destrucción del monumento no levantó revuelo popular en el momento de producirse.
Sin embargo, con el paso del tiempo, su valor como mirador y símbolo de una época irrepetible, aumentaron la nostalgia por el monumento perdido y se fue acrecentando a medida que las generaciones que lo habían conocido transmitían sus recuerdos a los más jóvenes.
La Pasarela pasó a formar parte del imaginario colectivo sevillano como uno de esos elementos arquitectónicos desaparecidos que, paradójicamente, cobran mayor relevancia una vez que ya no están presentes.
Los historiadores Luis Toro Buiza y Manuel Olmedo Sánchez documentaron que los 81.297 kilos de hierro desmontados de la estructura fueron vendidos por 45.738 pesetas.
El valor material de la construcción, contrasta con el valor sentimental que había adquirido para los habitantes de Sevilla.

En su lugar se instaló en 1929, una fuente alegórica a las cuatro estaciones
Aún permanece en el citado lugar, obra de Manuel Delgado Brackenbury.

El legado de la Portada de la Feria
Como recuerdo del papel de portada de la feria de la Pasarela, comenzó a instalarse anualmente una portada de entrada a la Feria.
La actual portada de la Feria de Abril de Sevilla se ha inspirado al menos en tres ocasiones en aquel monumento (1970, 1974 y 1986), convirtiéndose en una de los motivos más recurrentes para su diseño.



La portada de 1.974 tenía la particularidad de ser la única portada por la que se podía pasear, al ser esta transitable.



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