“Remedios”, “Draco”, “Gelves”, “Destello” y “Chanales”, sin olvidar a la draga“Paulina”, son los nombres de algunos de los barcos que durante décadas permanecieron hundidos en el famoso Tapón de Chapina.
Cargados primero de material de vertido y enterrados más tarde en lodo y fango, estas embarcaciones desviaron el milenario cauce del Guadalquivir para evitar que Sevilla se inundara. Décadas después, una de las obras prioritarias ejecutadas cara a la Expo92 fuera precisamente el “destaponamiento”.

El llamado Plan Delgado Brackenbury de mediados del s. XX sacó el Guadalquivir de Sevilla. El río histórico se cerró por el llamado Tapón de Chapina, dejándolo convertido en una dársena y se abrió un nuevo cauce desde Triana a San Juan de Aznalfarache.
Primero se intentó la contención de las aguas con un dique de 180 metros pero resultó insuficiente. Por eso se decidió taponar el río mediante el hundimiento de barcos de diversos tamaños y calados, cargados de materiales. Las embarcaciones quedaron sumergidos durante décadas.



La zona se adecentó construyendo un jardín y un centro deportivo. La dársena, que recibe el nombre de canal de Alfonso XIII, quedó como un brazo muerto del río.


En relación al puerto, mediante un terraplén en el extremo sur del canal de Alfonso XIII y otro terraplén en la Punta de Tablada, se separó del río, dejándolo libre de su influencia. Para acceder a él se construyó la esclusa.
En 1992 con motivo de la Exposición Universal, cuando la ciudad recibió un fuerte impulso en las comunicaciones sobre el río, se volvió a abrir el Tapón de Chapina, desplazándose más al norte, hasta la zona de San Jerónimo.


Fuente: Sevilla, Río y Puerto Blog.


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