El Arco de San Miguel se ubicaba en el extremo meridional de la calle denominada de las Gradas. Se abría en el lienzo de muralla de la alcazaba interior, uniendo las edificaciones del Colegio de San Miguel, del que tomará su nombre, con el ángulo suroeste de la Catedral.

La descripción más antigua de la Torre de San Miguel (o de los Almirantes), y el arco de San Miguel (o del Almirantazgo) corresponde a Morgado (1587, pag. 56) -ver imagen-. Los autores posteriores no añaden a esta descripción más información salvo Luis Germán.

En cabildo de 1570 se solicitó ampliación del paso desde Gradas hacia el Sur argumentando que no podían cruzarse ni dos caballerías. En 1572 se inician las obras de una importante reforma para permitir que pudieran cruzarse hasta dos coches de caballos y ampliar su relevancia. Según Santiago Montoto, 1973,»su ojo de luz llega a ser el mayor de Sevilla, superior al de todas las puertas de la muralla».

Los grabados lo representan como un amplio arco, sobre el que discurría una galería con arcos y cubierta con un tejado a dos aguas y enmarcado por dos grandes torres.

La más cercana al Colegio de San Miguel la representa cuadrada, más alta y estrecha, rematada con almenas.

La otra enlazaba el arco con la catedral y nos la muestra más baja, más ancha, de forma rectangular, también almenada y con una casa adosada. Esta consta de puerta, dos ventanas en la planta baja y un amplio balcón en la planta superior, sobre el que se ve un retablo.

Sabemos que en él había una pintura de la Inmaculada, protegida bajo un tejaroz y cortinas en los laterales. Dicha pintura fue colocada en 1615 tras pedir permiso al Cabildo catedral y fue sufragada por los vecinos. Según Andrés Vega, el lienzo con la Inmaculada colocado en el Arco de San Miguel fue realizado por Francisco Herrera el Viejo. Entre la torre y la catedral habría otra casa adosada a la muralla, como puede apreciarse también en el grabado de Tortolero.

Tanto en el lienzo de Domingo Martínez titulado «Carro del Pregón» (correspondiente a la serie de «La Máscara», encargada al pintor por la Real Fábrica de Tabacos para celebrar la subida al trono de Fernando VI y conservada en el Museo de Bellas Artes), como en otro grabado atribuido a Tortolero, aparece solamente uno de los dos flancos del arco y la torre más cercana a la catedral que es la que se conocía como Torre de San Miguel, donde se colocaron las primeras campanas que tuvo el templo y donde durante el siglo XVI se planteó levantar una nueva torre campanario para la Catedral.

Esta torre recibiría también el nombre de Torre del Almirantazgo, siendo arrendada a los almirantes de Castilla en los días festivos para contemplar el paso de procesiones y desfiles solemnes. Esta cesión llegaría a hacerse permanente, siendo los empleados del Almirantazgo (ubicado en las proximidades del Colegio de San Miguel), los que se dedicaban a cuidar el balcón, a adornarlo y prepararlo para los diferentes actos.

La otra no aparece en estas dos representaciones y su ausencia es generalizada, tanto en documentos gráficos como en la bibliografía tradicional, siendo incluso negada su existencia por muchos autores, quienes defendían que el Arco de San Miguel apoyaba directamente sobre los muros del colegio. Sin embargo la torre existiósus restos se hallaron cuando se derribó el edificio situado en la esquina de la avenida de la Constitución y la calle Almirantazgo y se conservan en el sótano del edificio actual.

Más información hay sobre el derribo del Arco de San Miguel, donde se puede seguir casi el día a día tras el terremoto del 1 de noviembre de 1755. Los desperfectos causados produjeron un deterioro importantes que requería ser subsanado. Sin embargo, el Cabildo de la catedral tenía otros gastos más urgentes como restaurar los daños que se habían producido en el templo. El Arco de San Miguel quedaba a la espera de ser recuperado pero eso nunca llegó y el deterioro continuó. El deterioro llegó a tal punto que tuvo que ser derribado por completo en la primavera de 1762, evitando que pudiera caer y ocasionar daños. Con él desaparecieron la muralla y las casas adosadas a ella.

El Arco de San Miguel es derribado en 1762 (En el plano de Olavide de 1771 ya no aparece)

El material constructivo procedente del derribo, se utilizó para la restauración de las viviendas de los canónigos. Desaparecían así los últimos vestigios de la muralla norte, que formaba parte de la fortificación interior de la ciudad y con ella, el Arco de San Miguel y sus torres. Se perdieron así casi seis siglos de historia, de uno de los rincones de Sevilla que más cambios ha sufrido con el paso del tiempo.

Con la desaparición del Arco se gana amplitud en las gradas de la Catedral, se unen de una manera más cercana los focos político, religioso, económico de la vida de la ciudad y se sientan las bases para la construcción de una vía rectilínea hacia el sur a extramuros de la ciudad en los siglos posteriores.


**Lectura recomendada: El Arco de San Miguel y su derribo en siglo XVIII. Juan Carlos Hernández Nuñez.


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Una respuesta a “EL ARQUILLO DE SAN MIGUEL”

  1. Avatar de EL ARCO DE ESLAVA Y EL COLEGIO DE SAN MIGUEL – Erase una vez Sevilla

    […] La importancia del Colegio de San Miguel fue tal, que la puerta del Nacimiento de la catedral (por la que acceden los pasos en Semana Santa), se conoce desde hace siglos como «puerta de San Miguel«, al igual que el también desaparecido Arquillo de San Miguel. […]

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