Si bien contamos con evidencias históricas de que Sevilla estuvo fortificada en época romana y que contó con una muralla perimetral, no hay datos que evidencien cuál fue el trazado exacto de dicha muralla.
Tras la visita de César, la antigua Hispalis vivió una transformación brutal. Dejó de ser una pequeña colina fortificada para expandirse y convertirse en una gran colonia romana, una “pequeña Roma” a orillas del Guadalquivir. La leyenda de los muros nació para engrandecer su origen.
Iulia Romula Hispalis fue el nombre completo de la colonia fundada por Julio César, que significaba «la colonia de Julia y Rómula (de Roma)» en honor a él y a Roma. , una gran obra citada por Julio César y por otras fuentes escritas.
La Puerta de Jerez estaba presidida por una placa, fechada en 1578 con la famosa inscripción sobre el origen de la ciudad y su muralla, que ahora se encuentra distante en la calle Maese Rodrigo:
«Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, y el rey santo me ganó con Garci Pérez de Vargas».
número 11 de la plaza de San Francisco
Corría el año 2021 cuando en el número 11 de la plaza de San Francisco, frente a la fachada plateresca del Ayuntamiento de Sevilla, a 2,10 metros bajo el nivel actual de la calle, se desenterraron grandes sillares de piedra caliza. Álvaro Jiménez, director de la intervención arqueológica del proyecto para la construcción de un hotel, empezó a excavar desde ahí y bajó casi tres metros más hasta alcanzar un segmento lineal de 9,30 metros de una muralla de mediados del siglo III.

La construcción está realizada con sillares de piedra caliza procedente de los Alcores y opus caementicium [el hormigón romano] en el tramo que ha podido descubrirse durante las obras de construcción del sótano de servicios de un hotel de cinco estrellas gran lujo que abrió en 2022.

“Es la primera vez que se encuentran restos de muralla romana en Sevilla y que podemos constatarlo científicamente”, explicó el arqueólogo Fernando Amores ante los restos ahora protegidos, que desde la cimentación alcanzan los 2,5 metros de altura.
Es una estructura muy potente, con una anchura total de 4,80 metros, resultado de la suma de un zócalo de 1,70 metros de altura y del alzado conservado de la muralla, de 3,25 de ancho”.
El refuerzo del zócalo pudo funcionar como defensa ante las crecidas del río Guadalquivir, cuyo cauce en el siglo III pasaba a unos 40 metros de la estructura desenterrada, como ha podido comprobarse por los sedimentos aluviales hallados durante la excavación.
La longitud del lienzo descubierto es el ancho de la parcela, pero todo indica que la muralla continúa en el número 10 y en el 12″.
El arquitecto director de la obra, David González, modificó el proyecto para incluir el segmento de muralla en un gran patio en el hall del hotel con una vista cenital de la muralla, que también puede verse frontalmente desde el sótano a través de un vidrio”.
La promotora del proyecto entendió desde el momento del hallazgo la necesidad de conservar la muralla. La inversión total para convertir los tres inmuebles en un hotel con 25 habitaciones y 3.100 metros cuadrados construidos fue de 11,5 millones de euros.
De la puesta en valor de la muralla romana se encargararon el arquitecto Alfonso Jiménez y el arqueólogo Fernando Amores siguiendo las indicaciones de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Sevilla.
“El hallazgo es de una gran trascendencia patrimonial, puesto que es la primera vez que se encuentra un lienzo de muralla romana en Sevilla. Lo que hasta ahora había sido arqueología de ficción, ahora es algo incuestionable”. Arqueólogo de la Consejería de Cultura José Manuel Rodríguez Hidalgo.

Hay indicios de que en época romana se debieron levantar varios recintos de murallas en Híspalis, pero hasta ese momento no había certezas arqueológicas.
El arqueólogo Alfonso Jimenez planteó que había que entender esta muralla como una ampliación de la ya preexistente, cuyo trazado realmente se desconoce, aunque se puede sospechar: “Se supone que estaría en cotas más altas, como la calle Cuna, Argote de Molina… Pero no lo sabemos”. Jiménez realizó hace unos años unas excavaciones en un solar de la calle Cuna. Allí se encontraron estructuras de edificaciones portuarias claramente extramuros cubiertas por sedimentos fluviales. En la misma época, también se hicieron estudios en una parcela de la cercana calle Goyeneta, donde se descubrieron restos de un edificio público y sin rastro de rellenos arcillosos. Este hecho hace suponer que la muralla altoimperial romana iría por lo que es hoy la calle Cuna.

Hace algunos años, durante las cautelas arqueológicas que se realizaron para el soterramiento de unos contenedores en la calle Martín Villa, junto a la Campana, Álvaro Jiménez sacó a la luz un muro de hormigón romano y sillares con unas reparaciones del siglo X. El arqueólogo desvinculó este hallazgo con la muralla de la Plaza San Francisco: “El hallazgo de La Campana sería más bien como una linde, un malecón del río o una estructura portuaria. Los dos hallazgos se parecen y están en línea, pero yo no soy capaz de unir ambos restos”.
Hay que tener en cuenta que en la época antigua Sevilla tenía una topografía distinta y más acusada, por lo que existían terrazas y otras estructuras auxiliares. “No todos los muros romanos de gran tamaño que puedan aparecer corresponden a la muralla”.
El cauce del Guadalquivir variaba según el nivel del mar y en época romana transcurría por las actuales Alameda de Hércules, calles Amor de Dios, Sierpes, plazas de San Francisco y Nueva y seguía hasta la desembocadura del arroyo Tagarete en la Torre del Oro. De forma que ambos cauces abrazaban Sevilla convirtiéndola prácticamente en una isla hasta que a mediados del XIX el Tagarete se abovedó en el subsuelo.
Esta muralla cambió la fisonomía y la vida de la Sevilla Romana. Hasta ese momento, se considera que la ciudad de Hispalis tenía su frontera en el límite marcado por la actual calle Álvarez Quintero, pero el desplazamiento del cauce del río hacia lo que hoy es en la Plaza Nueva posibilitó que se extendiera hacia el oeste, habitando ese espacio arcilloso cedido por el antiguo Baetis.
Desde el siglo XV, cuando se confundió la cerca andalusí del siglo XII [de la que actualmente se conserva el 30% de su perímetro] con la romana, los arqueólogos han presentado multitud de hipótesis sobre el trazado del cerramiento romano, pero basadas en evidencias que han resultado erróneas o dudosas.
Una de las últimas, que incluye los descubrimientos del museo Antiquarium, es la presentada por el Daniel González Acuña en 2011 y cuyo trazado no coincide con el tramo ahora descubierto.


La trasera del solar excavado da a la calle Álvarez Quintero 36. En el espacio extramuros, es decir en dirección a la actual plaza de San Francisco, la muralla aparece rodeada por un pomerium, una línea imaginaria definida legal y religiosamente alrededor de la muralla, que marcaba el límite sagrado de la ciudad y sobre la cual estaba prohibido construir. El suelo original está a cinco metros de profundidad del actual.




Deja un comentario