Bajo la plaza de la Pescadería y accesible a través de una estructura acristalada, se conserva una cisterna o ‘castellum aquae’ de época romana.

Fue hallada en el año 2006 durante las obras de la controvertida “piel sensible”, que supuso una repavimentación del entorno de las Plazas de la Alfalfa y El Salvador.

Pese a que la idea inicial era que pudiera ser visitado, al menos, en ocasiones singulares, permanece sin instalación eléctrica ni ventilación, incluso se ha inundado en alguna ocasión. Varias estructuras traslúcidas se sitúan sobre el pavimento para dar luz y como ventana al interior. Aunque no hay nada en la superficie que los explique.

Los primeros resultados de la intervención arqueológica pusieron en evidencia la existencia de una gran cisterna romana en la Plaza de la Pescadería de Sevilla. Esta estructura hidráulica puede ser interpretada funcionalmente como el castellum aquae de un acueducto.

Como hipótesis inicial, se consideró que el trazado de este acueducto correspondía con el acueducto romano, rehecho en época almohade y que conocemos como Caños de Carmona, y que abastecería de agua a Hispalis, desde la actual localidad de Alcalá de Guadaira.

La edificación de la estructura puede ser datada en el s.II d.C. y se mantuvo en uso hasta el s.V d.C., momento a partir del cual se documentan un momento de reocupación, el derrumbe y expolio de las bóvedas, así como su progresiva colmatación, completada durante el periodo islámico.

La cisterna, de planta rectangular, se construyó en ‘opus testaceum’ (ladrillo cocido) y se compone de tres espacios impermeabilizados para el almacenamiento de agua y comunicados entre si por pequeños vanos rematados en arcos de medio punto, ligeramente rebajados, para la circulación del agua.

La dimensión total de la cisterna sería de 45 metros de largo y 20,7 metros de ancho, midiendo cada una de las naves 41 metros de longitud y 5 metros de anchura, y se ha calculado que tenía capacidad para 1.300.000 litros de agua.

De todo el complejo, sólo es accesible parte de una de las naves, justo la que se encuentra debajo de la plaza.


Datos aportados por F.Miguel Ángel García García en su artículo tras el hallazgo y primera intervención arqueológica:

No se han conservado restos de las cubiertas de las naves, aunque con gran probabilidad pudieron haber sido bóvedas de medio cañón.

Se desconoce cuál sería la ubicación de la entrada o salida de agua, ni cuál era el acceso a la cisterna desde el exterior para llevar a cabo las necesarias tareas de limpieza y mantenimiento.

La entrada del suministro hídrico se llevaría a cabo muy probablemente desde el extremo norte de la nave central, encontrándose en el extremo opuesto el acceso a la cisterna desde el exterior mediante una escalera, mientras que en la nave occidental se situarían la salida para el abastecimiento y el rebosadero. A este respecto, la ligera inclinación que presenta el pavimento de la nave oriental en dirección sur-norte puede ratificar la ubicación de la entrada de agua en el extremo norte, ya que de este modo se produciría la decantación del agua almacenada antes de su distribución.

En la cara del muro exterior este ha aparecido, situado a 1,80 metros de altura desde el pavimento, una línea pintada en minio de un centímetro de grosor que transcurre a lo largo de toda la pared. La funcionalidad de esta marca, se encuentra sin duda relacionada con el control de gasto de agua, indicando quizás el comienzo de una reserva necesaria para el abastecimiento de las necesidades básicas de la población.

En relación con los niveles prerromanos se localizó un pequeño monumento funerario de planta cruciforme y perfil escalonado. El intenso color rojizo que presentaba el estrato de su base está motivado indudablemente por la acción del fuego, lo que pudiera ser interpretado por la presencia cercana de un ustrinum. Estos elementos permiten identificar la presencia en el sector de un contexto funerario en uso al menos hasta la época tardorrepublicana.

Existen unos restos de un edificio sin identificar y un gran pozo, que pueden datarse genéricamente en el siglo I d.C. En el siglo II d.C. el edificio se amplía hacia el norte. Precisamente en este momento, que coincide con la construcción de la cisterna, se amortiza definitivamente el pozo de agua.

En la primera mitad del siglo II d.C. el sector ocupado por la actual plaza va a sufrir una completa transformación con la construcción de la gran cisterna de agua. Al encontrarse el edificio en la mayor parte de su alzado por debajo de las cotas de uso de época romana contemporánea, es necesario considerar la ingente tarea que hubo de suponer el movimiento de tierra necesario para vaciar el espacio ocupado por la estructura. Del mismo modo, para llevar a cabo la edificación fue necesario derribar las estructuras precedentes, cuyos restos es posible pensar que fueran reutilizados en la propia construcción de la cisterna.

No existen pruebas materiales que permitan asegurar la relación entre la cisterna de la Plaza de Pescadería y un hipotético acueducto fosilizado en el trazado de los conocidos como Caños de Carmona. Sin embargo, las coincidencias que muestran una teórica continuidad lineal de dicho trazado y la ubicación de la cisterna permiten plantear esta hipótesis así como en el relleno de la zanja de cimentación.

Las dimensiones de la misma hacen pensar en un significativo volumen de agua que permitiría cubrir tanto el aprovisionamiento doméstico como las necesidades de estructuras termales y otros edificios

Es poco probable que la cisterna romana de la Plaza de la Pescadería abasteciese al núcleo original de Hispalis, ya que este se encuentra situado a una cota superior y sería necesario un sistema de elevación de agua para permitir un correcto suministro. La ampliación urbana que vivió Hispalis, precisamente por debajo de estas cotas, desde época Flavia pudiera ser una de las razones que llevasen a promover la construcción de un nuevo acueducto

En último lugar es necesario plantear la existencia de un castellum divisorium que permitiera repartir el caudal de agua entre diferentes redes de abastecimiento. Por motivos topográficos parece mucho más factible su ubicación en un punto alejado de la actual plaza en el sector bajo de la ciudad. De este modo se permitiría salvar el importante desnivel existente sin necesidad de multiplicar una red de abastecimiento subterránea situada muy por debajo de las cotas de pavimento, lo cual resultaría problemático ante la eventualidad de necesarias labores de control y mantenimiento.

La presencia de varios grafitis realizados con carbón en la zona baja de la pared oeste de la nave excavada, así como de un muro que el extremo norte de la misma, permiten pensar que en un momento previo a la destrucción de las bóvedas y posterior a la interrupción del suministro de agua se produjese un proceso de ocupación secundaria del edificio.

Los primeros estratos de colmatación pueden ser datados entre el final del siglo V y comienzos del VI d.C.; en el extremo norte de la nave oriental se documenta una reocupación del espacio mediante la construcción de un muro transversal. Saqueo y reocupación dan paso en el momento final de la época tardoantigua a un periodo de relativa inactividad antecedida por la deposición de amplios estratos de cenizas resultantes probablemente de episodios de incendio o la acción de hogares, hipótesis esta menos factible debido a la ausencia de paquetes significativos de restos orgánicos y huesos.


157 visitas

Suscríbete a Erase una vez Sevilla

Recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.